GRIEBAL y SOBRARBE 2017

Tras nuestro encuentro en el puente de hierro, con un día soleado y despejado, salimos en dos coches con un plan muy prometedor: Huesca, Barbastro y parada de almuerzo en Graus. Avanzando kilómetros, y, disfrutando de la brisa y el olor a boj, recordamos estos mismos parajes años atrás, cada cual con sus  vivencias. Parada en Panillo y el santuario budista, vimos un templo a rebosar y paseamos por aquellos edificios multicolor, cual circuito de Portaventura . 

Después, desde la zona de Tierrantoda, accedimos un pueblo abandonado, Muro de Roda; destacar su ubicación en la sierra y su espléndida fortaleza. Pudimos recorrer su iglesia y ver los ábsides  reconstruidos y todo el espacio colindante. Imaginamos las gentes que vivieron allí y nos recreamos mirando el portón que cerraba aquel pueblo amurallado. 

Pasamos algunos pueblos de La Fueva  y , ya por tierras de  Aínsa, a por las llaves de Griebal. Comimos en una zona recreativa de Boltaña (muy recomendable), con una variedad de temas en la sobremesa y regalo de pastelitos de los del  bar. Cuando ya apretaba el calor, pero con una leve brisa, dimos un paseo por el pueblo: calles empedradas, muy bien cuidadas, sus casas señoriales y, al fondo, el  Ara con algunos bañistas. 

Más tarde, visitamos la cruz cubierta de Aínsa (recordando el cuadrante de la bandera de Aragón) y rumbo a Griebal, pasamos el río sin problema; unas cuantas curvas y divisamos la torre entre los pinares. Una vez  allí, fuimos observando el trabajo y esfuerzo de tantos scouts, por recuperar, desde 1989, un pueblo sumido en el silencio y las zarzas desde el 64. Destacar, la casa solariega, casa Custodio, su  esbelta columna redonda y sus balconadas. Tras una cena bien preparada y en hermandad, alargamos la noche en una larga tertulia, toque de luna y astronomía… y al saco! 

Con distintas impresiones sobre el reposo nocturno, aprovechamos un energético desayuno y, después de cumplir el servicio asignado, echamos vista atrás, asegurándonos de que dejábamos Griebal mejor de cómo lo encontramos. 

En los senderos del Sobrarbe, visitamos San Vicente de Labuerda, con su iglesia parroquial del s. XII (después abadía); de nave rectangular con posteriores capillas laterales, campanario octogonal  y su singular esconjurandero a la entrada. 

Recalculando el plan, atravesamos varios pueblos hasta llegar al Real Monasterio de San Victorián, con la grata sorpresa del coro del Sobrarbe en una magnífica actuación. La visita guiada se pospuso, pero valió la pena. Algunos recordaban el lugar abandonado y sin techumbres. Ahora, insistió el guía, habrá que recordarlo por el esfuerzo en la reconstrucción paulatina por ser lugar, quizás no demasiado reconocido, principal en la historia de Aragón. Con la peña Montañesa de fondo, declarado conjunto de bien de interés cultural, como también la anteriormente nombrada de San Vicente, presenta un conjunto fortificado con numerosas influencias ( de restos del paleocristiano del  s. VI hasta el s. XVIII) siendo en su día  centro político, cultural y espiritual protegido por reyes y papas. 

Aunque tarde, salimos muy satisfechos de la visita y pudimos degustar una abundante comida, café y tertulia. ¡Hasta la próxima! 

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